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No quiero renunciar a mi sueño

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José Luis Saiz

Area Director Snacking Iberia

300 empleados a cargo

Más de 17 años en un cargo directivo

4 hijos


Hoy puedo decir que soy un profesional que guarda un justo equilibrio entre mi vida familiar y mi labor empresarial. Pero también, he de reconocer que esto no ha sido siempre así, pues he tenido que poner mucho de mi parte para preservar la armonía entre estas dos realidades y marcar un camino que me permitiese conjugar mi crecimiento como directivo con mis deseos de formar una familia.

Las cosas están cambiando aunque, desde mi punto de vista, a un ritmo más lento del que me gustaría. Sigue costando que un padre se coja reducción de jornada para el cuidado de sus hijos o que una familia apueste por la carrera profesional de la mujer, en vez de la del hombre. Y ¿qué pasa con nosotros? Ahora nos encontramos que después de habernos formado durante años y haber luchado por conseguir un puesto en el mercado laboral, haber progresado en nuestras carreras, te das cuenta que no puedes dedicarte a ello y a la vez tener una familia donde haya niños, padres a cargo o cualquier otra situación. ¿Debemos realmente escoger entre ambos sueños?

Hace tiempo que dejé de pensarlo. Mi vida es una y debe equilibrar todas sus facetas y, como padre, me he propuesto dedicarle el mayor tiempo posible a mi familia, ellos lo merecen ¡y yo también! ¿Cómo lo hago? Creo que una de las claves es la flexibilidad y la planificación. Mi agenda es una y en ella entran todos los ámbitos de mi vida, tan importante es llevar a mis hijos al cole, como participar en un comité de dirección o dedicar tiempo para mi propio desarrollo personal. Soy capaz de encontrar el equilibrio que me hace sentir bien, que me hace sentir que estoy dedicando el tiempo necesario a las distintas facetas de mi vida.

Otra de las claves, o al menos a mí me funciona, es estar presente en todo lo que hago, quiero decir, estar 100% enfocado en lo que estoy haciendo en cada momento, sin pensar en lo que ha pasado o viene después. Cuando estoy con mi familia, estoy con ellos 100%, cuando estoy en el trabajo, estoy 100% en el trabajo.

Y finalmente, cuando hablo de conciliación, no puedo dejar de mencionar a mi equipo. Son todos grandes profesionales, con los que tengo una relación basada en la confianza y colaboración. Nuestro día a día es el fruto del trabajo en equipo. Yo no soy imprescindible y en mi ausencia todo funciona perfectamente engranado. No hay necesidad de que yo esté físicamente presente en todo.

Ser capaz de conseguir esto es la clave para tener una vida plena y sentirme feliz.

Como directivos en nuestras organizaciones y como referentes para nuestro equipo, debemos predicar con el ejemplo. Tenemos la responsabilidad individual de poner nuestro grano de arena para que no tengamos que hablar de conciliación, para que ésta se convierta en algo habitual y natural en nuestras vidas.

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