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¿Cuál es la mejor solución para mis hijas?

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Antonio Jiménez

Director de Auditoría y Control Interno

5 empleados a cargo

2 hijas


En casa tenemos claro que conciliar no es cosa de papá o de mamá. La conciliación es un asunto familiar y, como tal, requiere de decisiones familiares. En numerosas ocasiones leemos artículos o miramos noticias sobre conciliación que suelen hacer referencia a padres y madres, a las cosas a las que renunciamos, sin embargo, pocas veces se aborda desde el punto de vista de los hijos. Para mí, ellos son y deben ser los grandes protagonistas de la conciliación. En nuestra familia siempre tomamos decisiones pensando en que su bienestar y sus necesidades son prioritarios.

Por este motivo, cuando nació mi primera hija, Lucía, que ahora está a punto de cumplir cinco años, nos preguntamos ¿y ahora qué? ¿Cómo lo vamos a hacer? Nos informamos sobre las distintas medidas de conciliación y decidimos que la mejor solución era que mi mujer se acogiera a una reducción de jornada, de manera que trabajase seis horas diarias. Así Lucía iría un número de horas “razonables” a la guardería.

Quizás nuestro caso sea incluso un poco peculiar, ya que ambos trabajamos en Mahou San Miguel y siempre nos lo han puesto muy fácil para encontrar soluciones en esta materia. Es una compañía familiar en todos los sentidos, un concepto que forma parte de su ADN: propiedad familiar, trato familiar, políticas en favor de la conciliación familiar... No nos pusieron ningún tipo de problema, fue todo muy positivo. Gracias a estas iniciativas, el número de personas acogidas a una reducción de jornada se ha ido incrementando a lo largo de los años.

Por mi parte, reconozco que tener una hija me ha cambiado totalmente la perspectiva del trabajo. Ahora procuro organizarme para poder pasar un rato diario con mi familia y llegar a tiempo para cenar todos juntos y pasar un tiempo de calidad. Aun así, no voy a negar que no todo fue color de rosa. Fue muy duro para todos dejar a nuestra hija con cuatro meses en una escuela infantil en manos de una persona desconocida en la que depositas toda tu confianza a ciegas. En ese momento nos dimos cuenta de quién renunciaba realmente: Lucía. Nuestra hija no pudo seguir alimentándose de leche materna, renunció a dormir más por las mañanas incluso cuando había pasado mala noche, a ser cuidada por sus padres, a una atención mimada y personalizada… renunció a muchas necesidades básicas de un bebé. Al final resultaba que ella tenía que pasar ocho horas en la guardería para que mi mujer pudiera trabajar seis y yo una jornada completa y aun así debíamos sentirnos afortunados. Si lo pensamos detenidamente, es una locura que existan guarderías abiertas desde las siete de la mañana hasta las nueve de la noche.

Cuando nos planteamos tener otro hijo, coincidió con un cambio de puesto para los dos. Quizás por esto lo fuimos retrasando hasta que hace unos meses, en junio de 2015, llegó Olivia. Y otra vez a empezar. Nos volvimos a plantear la conciliación y el bienestar de las niñas desde el principio. No queríamos que renunciaran a nada esta vez, así que decidimos dedicarles el tiempo y la atención necesarios. Recuerdo que mi mujer y yo hablábamos de cómo nuestras hijas son nuestro proyecto más importante en la vida y, sin embargo, teníamos la sensación de dedicarlas tan sólo el tiempo que nos sobraba de todo lo demás. Por este motivo, decidimos que su madre cogiera una excedencia por cuidado de hijos de un año de duración para hacerse cargo de las niñas. Puede que muchos padres y madres lo vean como una renuncia pero, al menos en nuestro caso, lo vemos como una oportunidad, una decisión familiar tomada con libertad y conciencia.

¿Qué va a pasar cuando mi mujer vuelva a trabajar? Otra vez nos tendremos que replantear todo desde el principio, pero lo que tengo claro es que tendrán que prevalecer las necesidades de las niñas. Sin duda tendremos que hacer malabarismos, repartirnos las tareas y compartir las responsabilidades.

Además, en mis responsabilidades diarias intento no renunciar al momento del cuento antes de dormir. Mis hijas disfrutan de ese rato pero confieso que yo también lo necesito. Me ayuda a poner las cosas en su sitio, a poner en orden las prioridades de la vida.

Ser padre me ha dado una sensibilidad personal que posiblemente también ha influido en mi desempeño profesional, por ejemplo, dedicando más tiempo a escuchar a las personas. Ahora, aparte del trabajo, mis prioridades se llaman Nuria, Lucía y Olivia, así que intento ser mucho más eficiente en el trabajo, en mis reuniones, acorto el tiempo destinado a la comida… para, de esta manera, poder pasar más tiempo con ellas.

Los directivos jugamos un papel esencial en la conciliación de nuestros equipos, pero no sólo como ejemplo, sino también como facilitadores. Yo no mido a mi equipo por el tiempo que pasa en la oficina porque considero que la compañía no necesita profesionales que estén pendientes de la hora a la que se marcha el jefe. Para mí es esencial que los profesionales de mi equipo cumplan los objetivos y es cierto que les exijo un nivel muy alto de calidad pero, por otro lado, ellos son los que organizan su tiempo y sus recursos para conseguirlo. Conciliar es una responsabilidad de todos y en eso los directivos tenemos un papel fundamental, respetando la situación personal de cada uno y facilitándoles posibilidades de conciliación, independientemente de que sean hombres o mujeres o de que tengan o no hijos.

Las nuevas tecnologías juegan un papel importante en mi conciliación. Es cierto que ahora que tengo mayor responsabilidad, mi grado de dedicación a la compañía es mayor (más si cabe). Sin embargo, no creo que sea necesario renunciar a la vida familiar. Estoy constantemente conectado esté donde esté, así que es una cuestión de eficiencia, de organizarte. Se puede llegar a todo si te planificas.

La mala gestión del tiempo es, en mi opinión, el mayor freno a la conciliación, pero es independiente de que seas directivo. Debemos ser más eficientes y abandonar muchas malas costumbres españolas en la gestión del tiempo, tales como reuniones que se alargan sin un objetivo concreto, perder el tiempo en tareas superfluas o en comidas interminables.

Si lo ves desde el punto de vista individual, a mayor responsabilidad, mayor tiempo de dedicación al trabajo. Sin embargo, como decía anteriormente, la conciliación es una cuestión global, familiar, y en ese sentido somos como un equipo de trabajo. Nos repartimos tareas y responsabilidades.

La ley española no lo pone fácil y muchas empresas tampoco. Yo tengo la suerte y estoy orgulloso de trabajar para una compañía que facilita mucho la conciliación y está muy concienciada en este sentido. Pero, al final, el que quiere conciliar, concilia. Hay que ser valiente, atreverse a dar el paso y siempre anteponer los intereses de los niños a los nuestros personales. Cuando me encuentro ante una encrucijada de este tipo siempre pienso ¿cuál es la mejor solución para mis hijas? Poco a poco iremos educando a la sociedad, porque los verdaderos cambios los hacemos las personas.

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