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Un regalo que me permite disfrutar más tiempo contigo

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Fernando Ortego

Head of Service Delivery Spain

Más de 140 empleados a cargo

4 años en un cargo directivo

2 hijas


Hace unos años decía que ni viviría en un chalet en el campo ni tendría hijos. Bueno, ya desde pequeño en mi casa me decían que tenía una boca muy grande….

Vivo en un pequeño unifamiliar en mitad del campo. Era lo único que podía permitirme cuando mi cuenta ahorro vivienda me obligaba a comprar una casa y el compresor que alimentaba el globo inmobiliario funcionaba a pleno rendimiento. Elena, mi mujer, es aparejadora y seguro que adivináis en qué sector trabajaba allá por 2008…. Exacto, en una pequeña promotora que tuvo que cerrar a mediados de ese año. Así que pensamos que era el momento de afrontar aquella pregunta que hasta entonces el trabajo nos había permitido retrasar: ¿tenemos hijos? Tras mucho pensarlo, la respuesta fue afirmativa.

Y así fue que nos quedamos embarazados de Celia, que nació el 2 de noviembre de 2009 tras casi 14 horas de parto. ¿Y ahora qué? Como dice un buen amigo mío, el problema de ser padre es que no hay escuelas, ni te obligan a tener un carnet o un título que acredite tus aptitudes antes de serlo.

La verdad es que en ese momento se cortocircuitan todos los problemas. Fueron 48 horas increíbles. Celia pesó 2,840Kg. ¡Me cabía en una sola mano! ¡Y yo sin el carnet de padre! Durante casi 2 horas Celia no paró de llorar y no quería coger el pecho, pero finalmente lo conseguimos. Se tranquilizó y se durmió un rato. Después ocurrió lo que tenía que ocurrir, y allí estaba yo delante de ese pañal, con una toallita húmeda como única arma y un culete sucio más pequeño que mis dedos….

Diecisiete meses más tarde nació Clara. Mismas sensaciones, incluida la del primer pañal - y eso que ya estaba acostumbrado a cambiar muchos -, y nueva realidad. Si con un hijo la vida te cambia, con dos el cambio es aún más radical: las fuerzas se igualan, ahora es un dos contra dos.

Tanto Celia como Clara fueron a la guardería desde pequeñitas. Las dos son muy fuertes y apenas han faltado ningún día al cole desde entonces, a pesar de que Clara tiene un problema de otitis crónica que ha hecho que pase cuatro veces por el quirófano. Esto supone visitas continuas al pediatra y al otorrino.

En 2011 Elena ya llevaba casi 3 años en paro y deseaba volver a retomar su vida profesional. El momento no era bueno: estábamos en el punto álgido de la crisis y su sector y formación no eran los más demandados. Así que pensamos que lo mejor era formarse a través de un MBA y reforzar los idiomas. Para Elena trabajar no era sólo un tema de necesidad económica, sino más bien de realización personal. Todos en casa teníamos que ayudarla. Vivir en medio del campo y sin familia cerca no facilita las cosas. La organización diaria se complicaba. Por la mañana las niñas se levantan a las 7:50: uniformes, quitar legañas, colonia y, hasta hace poco, diademas y horquillas ya que hacer coletas se me resistía (dos matizaciones sobre este último punto: 1. sólo hay que mirarme a la cabeza para entender esta incapacidad y 2. he utilizado el pasado correctamente; esta prueba está, más o menos, superada). Después, desayuno, lavar dientes, hacer un dibujo o jugar cinco minutos y me las llevo para el cole corriendo, que a las 8:55 hay que estar en las filas. Tengo suerte de que mi empresa, que desarrolla multitud de iniciativas para crear un buen entorno de trabajo, me permita flexibilizar el horario y compaginar mis obligaciones de padre y profesional. Por la tarde las recogía Elena. Los viernes por la tarde las recogía yo del cole, y desde allí nos íbamos a la compra. Después jugábamos un rato en casa, baño, cena y cama prontito, que el viernes acumulan el cansancio de toda la semana y la lágrima salta fácil. En ese rato aprovechaba para planchar hasta que Elena llegaba de clase.

El esfuerzo mereció la pena. Elena encontró trabajo a mediados de 2014 y con su trabajo llegaron nuevos retos, aunque entre los dos hemos sido capaces de superarlos. Y es que la intendencia se complicaba un poquito más. Dos años antes me habían hecho responsable del área de atención a clientes de Xerox, con un departamento de más de cien personas a mi cargo. Sin embargo, la política de recursos humanos de Xerox me da la flexibilidad necesaria para poder dedicarme a mi familia sin descuidar mi desarrollo profesional. Como empresa entendemos que lo importante son las personas y obtener los resultados, no ocupar la silla en un horario determinado. Si hay que ir al pediatra, toca actuación de Navidad o fin de curso en el cole, o si Elena tiene un viaje de trabajo, todo son facilidades para poder ocuparme y dedicarme a mi familia.

Celia y Clara son dos niñas preciosas y muy obedientes. Como todos los críos, demandan más y más, pero están en su derecho y obligación de hacerlo. En casa ayudamos y nos apoyamos todos. Es la base de la familia: ayuda constante y cariño. Lo que pueda hacer por ti es un regalo que me permite disfrutar más tiempo contigo. La cena es el momento en que intentamos estar todos juntos a diario. Es en horario infantil, pero te acostumbras. Aunque a veces es difícil ya que tanto Elena como yo solemos estirar el horario laboral, cenamos en la cocina, todos juntos, y sin tele. Es el momento de contarnos como ha ido el cole y el trabajo, todas la fichas que profes y jefes nos han mandado hacer y lo poco que nos han dejado jugar con los amigos, la historia del niño que te ha pegado, o con el que Celia ha jugado al fútbol o Clara a princesas. Después nos lavamos los dientes y leemos un cuento los cuatro juntos. Ya los lee Celia que lo hace muy bien.

En definitiva, pequeñas cosas que hacen que los días, las semanas, los años pasen mucho más rápido que antes…. Ya casi ni me acuerdo de aquello de “¡Yo, jamás tendré hijos!”

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