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Conciliar, una inversión muy rentable

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Tomàs Font Zapater

Business Unit and Sales Manager TAA

66 personas personas a cargo

Más de 10 años en un cargo directivo

6 hijos


Hace ya algunos años, aprendí que en buena medida la felicidad depende de varios factores y uno de ellos es el del aprovechamiento de nuestro tiempo; aprovechar el tiempo significa invertirlo en lo importante, aquello que construye un legado y que nos trasciende, es decir, acciones con impacto. Hasta aquí creo que todos estaremos de acuerdo: lo curioso del caso es que, aunque compartiendo esta afirmación, no todo el mundo se aplica la máxima de invertir en lo importante; solo debemos observar el nivel de estrés, separaciones y fracasos de todo tipo por falta de atención y acción a tiempo, en definitiva, de dedicación.

Hoy vivimos con agendas socialmente muy activas, con trabajos muy absorbentes y con cantidad de ruido de fondo (Whatsapp, Facebook, Instagram, mail y fiebre por el deporte, por citar algunos ejemplos) que en ocasiones, nos impide ver con claridad, dónde vamos y qué hacemos.

La conciliación depende en gran medida de lo que entendamos por conciliar; y conciliar es llegar a tiempo a casa y con ganas; ganas de ayudar, de hacer, de colaborar en lo que sea necesario: deberes, duchas y tiempo de juego con los niños, pero lo que no es conciliar es llegar a casa y comportarnos como un mueble más del hogar y, si este principio no se mantiene, de poco sirven los esfuerzos de algunas empresas en fijar medidas de conciliación.

A menudo oigo modelos de conciliación que a mi modo de entender son de corto alcance y que a medio, largo plazo generan frustración y desánimo. Pondré algunos ejemplos: probablemente alguno tenga un amigo o conocido que dice que aplica un modelo de conciliación basado en la separación total de trabajo y familia; son aquellos que dicen que cuando estoy en el trabajo, no pienso en la familia y al revés, cuando salgo del trabajo y entro en casa, me olvido de los temas profesionales. Está claro que este modelo me resulta de difícil aplicación, porque que yo sepa tenemos un único celebro que siempre está “encendido” y difícilmente podemos decidir qué pensar en cada momento; otros por ejemplo pretender llegar a todo: mejor marido, mejor amigo, mejor profesional, etc… francamente difícil, el día tiene 24 horas.

Conciliar en mi caso es una actividad “pactada” con los míos, la vida es dinámica y no hay posibilidad de establecer un modelo rígido, claramente definido y que perdure en el tiempo. Está claro que pactar significa hablar y compartir inquietudes con los tuyos, especialmente aquellos que tienes más cerca y que más “me aguantan” que, en mi caso, son mi mujer e hijos.

Para fortalecer la relación con mis hijos, tengo un compromiso firme de acompañarles al “cole” y ese momento es especialmente bueno para los más pequeños; es un trayecto muy intenso, donde compartimos los planes del día y retos del momento. Sin embargo para los mayores lo mejor es a última hora, justo antes de ir a dormir, donde ya tumbados en la cama quieren contarme con todo lujo de detalle todo lo sucedido durante la jornada. Obviamente la escucha tiene que ser activa y las preguntas con sentido, el decir “ah sí vale”, “qué bien”, etc… no sirve y se dan cuenta enseguida.

Por otro lado, durante los desayunos, comidas y cenas, tenemos las mejores reuniones de familia, las que hacemos como si de un “comité de dirección ☺” se tratase y, lejos de mantener cualquier distracción como la TV a nuestro alcance, preguntamos, escuchamos, reímos y planificamos nuestras aventuras, las metas a corto, medio y largo plazo, aquello que nos apetece hacer en familia, todos juntos y que requiere ahorro, planificación y ¡mucha ilusión!

Un último detalle: a todos nos gusta sentirnos únicos, que estén por nosotros y que nos escuchen. Una forma que a mí me funciona es dedicar un rato concreto durante el fin de semana a cada uno de mis hijos, de forma individualizada, no son más de 10 minutos pero son SUS minutos, muy valorados, únicos y alucinantes que les podemos dar.

Sin duda, que ¡con quien mejor concilio es con mi mujer! Necesitamos hablar, construir y diseñar experiencias con los nuestros y para esto cualquier medio es bueno. Una llamada a media mañana no cuesta nada y un whatsapp con un detalle cariñoso tiene un impacto enorme; también organizar alguna escapada solos. Todo esto son acciones que nos ayudan a mantener la familia fuerte y unida. Evidentemente también la entrega y el servicio al otro sin utilizar lo que nosotros llamamos “la contabilidad del amor” (yo hago más que tú) ayudan a que en casa siempre haya un buen ambiente, que los hijos quieran invitar a sus amigos y que los amigos de nuestros hijos siempre tengan ganas de venir.

En fin, la conciliación depende en gran medida de uno mismo y si encima tenéis la fortuna, como es mi caso, de trabajar en una compañía que tiene como una de sus prioridades establecer políticas que nos permitan conciliar, ¡¡¡pues mejor todavía!!!

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